Un caluroso saludo.
En estos momentos, nuestros hermanos de Venezuela atraviesan una difícil situación a causa de una calamidad natural que ha dejado graves pérdidas materiales y, aún más doloroso, la pérdida de vidas humanas. Esta tragedia ha llenado de profundo dolor a nuestro país hermano y también ha conmovido nuestros corazones.
Como Iglesia, no podemos ser indiferentes ante esta realidad. El Señor nos llama a servir y a ser instrumentos de esperanza en medio de las dificultades. Su Palabra nos anima diciendo:
«Bienaventurados ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados ustedes los que ahora lloran, porque reirán.» (Lc 6, 21).
Por ello, acudimos a ustedes con humildad para solicitar su valiosa colaboración. Toda ayuda, por pequeña que parezca, será una bendición para nuestros hermanos de Venezuela y les permitirá sentir el amor de Dios manifestado a través de la solidaridad de su pueblo.
Agradecemos de corazón su generosidad y sus oraciones. Que el Señor les recompense abundantemente por cada gesto de amor y misericordia.
Los aportes se pueden realizar a través de las cuentas que aparecen en la imagen.